domingo, 2 de diciembre de 2007

JLPT3

Hoy me he quitado un peso de encima, porque al fin he hecho el JLPT3. El JLPT (Japanese Language Proficiency Test) es el examen oficial sobre conocimientos de japonés. Tiene cuatro niveles de dificultad, siendo el 1 el más difícil (2000 kanjis y 10000 palabras) y el 4 el más fácil (80 kanjis y 800 palabras). Yo he hecho el nivel 3 (300 kanjis y 1500 palabras) y bueno, hay posibilidades de aprobar, pero cuento con la ayuda de la suerte para ello (examen tipo test y las respuestas falladas no restan... la suerte tiene mucho que decir).

El examen tiene tres partes, la primera sobre kanjis y vocabulario, que ha ido más bien justilla pero aprobada (o eso espero). La segunda es un listening... difícil y enrevesado y para colmo de males, aquí no lo repiten como en los exámenes de inglés, hay que pillarlo todo a la primera. Por último la parte de gramática se me ha dado mejor, así que espero que sumándolo todo llegue al 60% exigido para aprobar...

Uno de los aspectos más característicos de la sociedad japonesa es el cumplimiento de las normas a rajatabla, y este examen no ha sido ninguna excepción. Antes del examen nos enviaron un tríptico con información sobre el examen (fecha, lugar, número asignado, etc) y con ciertas instrucciones sobre la manera de realizar el examen. La mayoría de las instrucciones son parecidas a las de los exámenes en España, ¡¡pero aquí se cumplen!! Se cumple todo, la normativa, los horarios, el orden de reparto... como ejemplo, antes de cada una de las tres partes del examen, nos han repetido la normativa (las tres veces, exactamente igual) y han repasado las caras de todos los examinados una a una (también las tres veces). Otra cosa curiosa, dando por supuesto que todas y cada una de las partes del examen ha empezado a la hora exacta, desde que empezaba el examen había más o menos 15 minutos para repetir las normas, comprobar las caras y repartir las hojas. Una vez terminado todo, si aún quedaban 6 o 7 minutos, nos los pasábamos esperando completamente en silencio (porque si hablabas incumplías la normativa y te sancionaban). Así las tres veces y las tres veces hemos empezado y acabado el examen a la hora exacta. En España esto es prácticamente imposible... posiblemente porque hasta los profesores lleguen tarde :P

Y el último detalle curioso ha sido la manera de indicar las sanciones. Las sanciones menores se marcaban con una tarjeta a amarilla (un aviso). La acumulación de dos tarjetas amarillas suponía la expulsión del examen. Ciertas sanciones más graves se marcaban con una tarjeta roja, lo que suponía la expulsión directa del examen... os suena de algo, jejeje. Y además, las examinadoras iban vestidas completamente de negro, parecía un partido de fútbol. En mi clase le han sacado una tarjeta roja a uno que seguía escribiendo una vez terminado el tiempo reglamentario, y aunque luego se la han cambiado por una amarilla, el susto al ver la cartulina roja no se lo quita nadie. De todas formas ha podido terminar el examen (hasta los japoneses hacen la vista gorda de vez en cuando).

Finalmente comentar que a mí esto de cumplir la normativa me gusta mucho, siempre he pensado que las cosas funcionarían mejor así (y la sociedad y la economía japonesa es un ejemplo de ello), aunque he de reconocer que hay que veces que tanta rigidez se me antoja como una especie de jaula invisible.

Y ahora a dormir, que mañana hay clase :S.